viernes, 28 de febrero de 2014

"Llegué a tu presencia, con un exámen reprobado de cordura, con un rollo sin fin de preguntas sin respuesta, con una ensarta de inquietudes, un enmarañado mundo de cuestiones, cabos sueltos del pasado, asuntos pendientes del presente, y toda la incertidumbre de un futuro que no logro vislumbrar por ahora.

Puse sobre tu escritorio, la complejidad de mi psique, me quité sin pudor alguno, el escaso ropaje de profundos miedos, de complejos reprimidos, de traumas de edades tempranas, de memorias de dolor archivadas.

Expuse mi alma y mi ser, a una prolongada conversación analítica, una que te permitiera evaluar la psicopatía que padezco, me miras, y me muestras una nueva forma y manera de examinar mis asuntos, mi pasado remoto, mi presente confuso, mi futuro no escrito, todo lo que conforma mi vida, todas aquellas circunstancias que la complican, que la hacen insufrible, invivible, insoportable, que desvían, me extravían y me llevan al borde, al límite, a la frontera del desespero.

Soy solo un humano más, otro paciente, sin brújula, ni rumbo, que se aproxima a tu aura, buscando una ruta, una salida del laberinto, que decisiones equivocadas construí a mi alrededor, encapsulándome de pena, dolor y sufrimiento, despojándome de alegría por la vida.

Busco la luz que de usted emana, en el final de un túnel hipotético que oscurece mi existencia.

Me ha tendido la mano, me escucha con atención, traza el camino, y el tratamiento, para tratar de sacarme del lodo de la confusión, del pantano de la duda, del bosque sombrío del miedo, para rescatarme de un infierno que solo existe en mi cabeza, un invento inútil para auto castigarme, para seguir alimentando mi cuerpo del dolor, para seguir en el papel de víctima.

Me abres los ojos, me muestras el dolor y la pena, detrás de historias, más lúgubres, de dramas y tragedias ajenas, ejemplos de superación, de lucha aguerrida contra el infortunio, la enfermedad, la muerte, las limitaciones físicas, los perjuicios, la doble y falsa moral.

Me animas a explorar lo erótico del amor, humanizas lo sexual, abres mi mente en profundas reflexiones y lecciones de vida, que me permiten hacerme a la idea de que no todo está perdido en mi todavía, que hay algo valioso que ofrecer, que ofrecerme a mí mismo.

Decido tomar tu mano, seguir el camino que trazas, ya no caminar solo a tientas en la oscuridad que me he forjado, camino contigo hacia el nuevo rumbo que tomará mi vida."








-Dedicado a la Doctora
 Luz Stella Ríos Arenas, Psicoterapeuta, gracias por no atar con camisa de fuerza la demencia que me hace cuerdo-
"Entender, que mirar otros ojos, no lograrán jamás que vea el mar, en el que me zambullía, cuando conectaba mi atención con los tuyos.

Entender, que en una caricia ajena, no encontraré jamás la calidez y ternura que me transmitías con tus dedos, con la palma de tus manos sobre mi piel.

Entender, que los besos de otras bocas, la humedad de otros labios, la lascivia y lujuria de otra lengua, y que el aroma de un perfume desconocido, no reemplaza el dulzor de tus labios, el néctar de tu boca, ni el olor de tu cuerpo, que aún satura mi nariz en la memoria de los días.

Entender, que no serás reemplazada, que tu vacante no está disponible, que el lugar que ocupas es solo tuyo y de nadie más, que allí permaneces, inmutable, inamovible, como una imagen cristalizada, una estatua detenida en el tiempo, un cuerpo cryogenizado en el espacio infinito.

Entender, que aún te quiero, que vibras en cada átomo de mi ser, que te mueves en cada célula, que abarcas cada tejido, que te contraes en cada músculo, que me andas por las venas, que palpitas en lo profundo de este tonto corazón, que te respiro en el aire de la mañana, que me tocas el rostro con la luz que logra colarse por la ventana, que mojas mi cabeza, con millones de besos, que como lluvia de la tarde , moja mi rostro, que caminas a mi lado y haces eco en el adoquín de las calles por las que vago solitario, nada más que contigo en mi pensamiento.

Entender, que no podré sacarte de mi vida, no hasta que la muerte venga a arrebatarme el último aliento de vida de mis pulmones, no, hasta que la agonía eterna de extrañarte siempre, extinga definitivamente la llama que vital, arde en lo más profundo de esta triste existencia.

Entender, que debo aceptar que no estás más, no en mi vida, no en mi entorno, no a mi alcance, no en la misma frecuencia vibratoria, no en la misma órbita."




"El verdadero amor es sometido a todo tipo de pruebas, es "testado" por la distancia, examinado por el tiempo, escudriñado profundamente por la adversidad, esculcado por la duda, "raqueteado" por el miedo, extorsionado por el olvido, secuestrado por los perjuicios, los tabúes y los dogmas, amenazado de muerte por la indiferencia y el abandono.

El amor tiene tantos enemigos, como demonios el mismísimo infierno, está hinchado de particulares emociones, matizado de profundos deseos, amalgamado en sentimientos de toda índole, que van y vienen con la marea de las circunstancias y los acontecimientos, en el oleaje de la vida, en la marea del tiempo.

Se te aparece de repente, como un fantasma, como un espectro siniestro que conmueve de miedo tus entrañas, y se desvanece de igual forma, dejándote convulsionando de susto y soledad, se disipa lentamente como el humo de un cigarro, sin que puedas aferrarte a alguna imagen de él, se te escapa de las manos, se evapora como agua en el desierto, se va y simplemente no regresa.

El amor es una poderosa fuerza, un impulso, que te mueve, que te empuja, que te lleva, te conduce, te dirige, es el color con el que pintas de alegría tus días más grises, es el responsable de que tu sangre corra más aprisa por tus venas, y hace que tus ganas, convulsionen violentas en tu vientre, es un estado de euforia inexplicable, un hipnotismo, una narcosis, el adormecimiento, consentido y aceptado de la racionalidad y la conciencia.

Pero lo es también, la potencia, las ganas, la voluntad de hacer, de conseguir, de lograr, el propósito de realizar y ejecutar en cada acto, el deseo profundo de materializar de llevar a cabo, de conseguir a toda costa lo que se persigue, es la motivación.

Ciertamente, el amor no todo lo puede, pero la voluntad y las ganas, logran lo que suficiente amor no consigue, en estas dos fuerzas, amor y voluntad, está la cohesión misma del cosmos, la caótica armonía del universo visible, la sincrónica anarquía de la existencia misma, sin amor y sin voluntad, no tiene sentido alguno la vida, no hay propósito loable, no realidad soportable, no sentido lógico, existir por existir, resulta insulso, e insípido, respirar y moverse, no sería suficiente.

Sin amor, la vida no sabe a nada...
Sin voluntad, no tiene sentido alguno seguir viviendo..."






"En los muchos o pocos años que han de quedarme por vivir, en la inmensidad de esta incertidumbre que me sobrepasa hoy por hoy, en la caducidad, de los días, y lo efímero de las noches, en aquellas horas que se diluyen, allí se va mi alma, por el retrete del tiempo que no vuelve.

Se pasea mi humanidad por todas partes, como buscando algo que se ha extraviado, una ansiedad repuja mi pecho, con una angustia que se petrifica, esta calcárea congoja que enrojece mis ojos, con la abundancia, de unas lágrimas vanas.

Un desespero que mi racionalidad no logra explicar, pero que mi cuerpo somatiza en insomnio, en un temblor que sacude mi cuerpo, mi alma y mi ser, terremoto de emociones de baja frecuencia vibratoria, el colapso de una escasa cordura, que no permite que me hunda en la totalidad de la inconsciencia.


Me va la vida, en la inutilidad de su devenir, en el momento a momento de sucesos anèmicos de emociones, en el hastío de ver pasar estos eventos, con la monotonía de unas imágenes que se calcan y replican día tras día.

Mi vida no es más que una película muda, con una sola escena que se repite día tras día, sin ningún guión emocionante, ni escenas de riesgo, no hay efectos especiales, no hay nada especial que me haga efecto, es una rutina mortal, que consume mi vida, como el cáncer de melancolía, que carcome mi ser.


Un no se qué, que me revuelca en la cama, peor que la "arrechera" de un libidinoso amante, es un cólico mensual que siento día tras día, que me desgasta la memoria en banales recuerdos, en escenas de un amor que fué asesinado de indiferencia.

La locura se disfraza de emociones que se aglomeran en mi pecho, haciendo fila para desgarrar mi alma, y desbordar mis ojos en llanto inútil, un sufrimiento masoquista, por demás innecesario.

Ya no se que hacer para arrancar de mi esto que me domina, que me pudre en vida, que me tortura inmisericordemente a cada instante.

No lo soporto, no lo tolero, no en mis cinco sentidos, preciso de un medicamento que me saque del suplicio, que borre mi realidad y la distorsione, que me profundice en un sueño, en el letargo de una sombría noche, que me ponga en estado comatoso, inconsciente.

En el vacío absoluto hallo la paz que no encuentro cuando estoy despierto, en la ausencia de pensamientos, en el adormecimiento de los sentimientos, como convaleciente, como recién muerto."



"Quisiera retener una imagen tuya en mi memoria, escanear tu figura con la retina atenta de mis ojos, delinear todos tus contornos, hacer un dibujo mental, un bosquejo neuronal, minucioso y detallado de tu figura.

Dejar que tus ojos se conecten en una mirada profunda, que me mires más allá del alma, que escudriñes los rincones de mi ser, esculcándome con tus sentidos.

Se que cuando me mires, mi universo personal, se conmoverá de tal manera, que revolucionará toda la física cuántica, sobre la que se cimienta, mi pecho será agitado por latidos acelerados, y serán esas emociones, las que sirvan de combustible para impulsar, esa bomba impulsora de sangre, que verterá en el torrente, toda clase de sensaciones, que creí eran objeto del pasado, uno caduco y extinto, muerto.

Sentiré volar alados insectos en mi panza de nuevo, y querrán mis brazos temblorosos estrecharte en un abrazo, uno que la sociedad reprocharía, querrán mis manos posar en tu piel una caricia furtiva, y mis labios maldecir tu boca con la humedad anatema de un beso.

Lo que siento por ti es tan prohibido, tan pecaminoso, que no hay infierno que contenga semejante crimen, ni purgatorio que lo redima, no hay oportunidad de ser perdonado, por que hay amores criminales, y hay crímenes que por amor se cometen, sin posibilidad alguna de redención.

El peligro ronda por nuestras vidas, uno que nos asecha a cada instante, el de enamorarnos, de quedar prendados el uno del otro, de gustarnos irremediablemente, indefectiblemente, hay temor de juntar la manos, de sostener la mirada, de reírnos en sincronía espontánea, de coincidir en palabras, en pensamientos, en gustos, en odios, en lo que mutuamente aborrecemos del mundo.

Tengo miedo de enamorarme de esa sonrisa, y tu de lo que escribo, tengo miedo de enamorarme de tus ojos, y tu, de lo que veo en ellos, cuando te encuentras con los míos, tengo miedo de tocar tu mano, y querer tocar el resto, tienes miedo de sentir algo cuando pase, y que te quede gustando.

Y es el miedo el que nos mantiene a raya, al borde, en la frontera, de lo permitido, de lo que se debe, de lo que se puede, de lo que está bien visto, así hemos de mantenernos, a distancia, por que el tiempo ya hizo lo suyo contigo y conmigo, poniendo diferencia de años entre ambos.

Tu reconoces a un hombre, en la avanzada edad de mi ser, y yo reconozco a una mujer en la mocedad de sus años, dicen que el amor ataca indiscriminadamente, sin tener en cuenta, sexo, religión, ideología, posición social, apellidos, raza y otras tonterías más que encasillan el destino de las almas.

No te escogí yo, lo hicieron mis ganas, la curiosidad latente, por conocer lo que se agita como tormenta debajo de tu pecho.

Se que me llevará el diablo por sentir lo que siento, pero la culpa es tuya niña insolente, por provocarme con tu dulzura, con la majadería e irreverencia con la que seduce tu manera de ser, bendita y descarada coquetería que dibujas cuando sonríes.

Si me voy al infierno, te rapto y te llevo conmigo, por que el infierno es soportable, con el demonio correcto."






sábado, 22 de febrero de 2014

"La belleza le sobrepasaba con descaro, y habitaba en todo su cuerpo con irreverencia absoluta, no sé si el cielo sentía celos, pero las estrellas se filtraban por su par de ojos, y su boca, no era una comisura común, más bien era un fruto carnoso que invitaba a la mordedura, más que al beso.

Y la ropa le estorbaba, no hacía mucha diferencia si la llevaba puesta o no, su sensualidad le repujaba doblemente el pecho, y su rostro, era un imán del que se adherían todas las miradas, estaba llena de ojos ajenos, por todas las partes de su cuerpo.

Los silbidos brotaban de las bocas de los libidinosos con los que se topaba, y las bocinas de los autos y las motos sonaban a su paso, piropos de todos los calibres y colores, soportaban sus oídos, al cruzar las calles.

Una obra de arte esculpida a mano por la naturaleza misma, el esfuerzo máximo de la genética humana, colocando todo en su sitio, con naturalidad, la turgencia y voluptuosidad de sus formas desafiando el paso del tiempo y la gravedad.

Hay quien atribuía sus encantos al hábil bisturí de un cirujano plástico, o a la esclavitud de un gimnasio, más, la vida la trajo así, dotada de perfección, provista de magnificencia.

Mujer que a donde quiera que iba, intoxicaba con su imagen, la rutina del paisaje, la culpable de malos pensamientos, de erecciones involuntarias, de pecaminosos deseos, y vulgares palabras, una tentación en tacones, escote negro, ligueros y demás encajes que la hacían ver más demoníaca de lo que ya era.

No había cabida para mentes castas, en su presencia, hasta los ciegos percibían su belleza, a través del aroma que esparcía su perfume cuando exudaba.

Debió ser un ángel, uno caído del cielo, o un bello demonio, salido de las profundidades del mismísimo infierno, deseada y codiciada, monumento de hermosura, la clara prueba de que la naturaleza puede hacer maravillas en el universo visible, Ella no estaba como quería, estaba, como se le pegaba la regalada gana!."





domingo, 9 de febrero de 2014

CRÓNICA DE UN SUICIDA

Pasaron varios meses, antes que la idea se transformara en decisión, la idea merodeó día y noche en su cabeza, como el fantasma de un viejo castillo Inglés.

Su delirio que llegó a estado de demencia, lo llevó a imaginarlo, ¿como sería?, ¿en dónde?, ¿de qué forma?.

Se veía así mismo muchas veces, saltando de alguna parte, un puente, o un edificio alto quizás, pero le pareció una forma muy común de acabar con la existencia, además, su intención era el de poder dejar cuando menos un mensaje póstumo que resultase contundente, si acaso, solo una carta, o un papel escrito, que sin duda muchos leerían con morbo y curiosidad, pero que como todas las cosas de este mundo, incluso la vida misma, perdería la importancia y el interés con el paso del tiempo.

Imaginó luego, colgándose del cuello, con una camisa en la que estamparía, las causas de su mortal decisión, y aunque la idea de la posdata estampada, le pareció original, no así la manera de morir, con el cuello roto, o asfixiado.

Pensó que morir lentamente, era prolongar aún más, un sufrimiento innecesario, que llevaba padeciendo, hacía más de un año.

Entonces su mente se enfocó en algo más macabro, oscuro y siniestro, una mezcla de los métodos comunes y ortodoxos, con algo novedoso, sorpresivo e imprevisto, que causara estupor, que fuera digno de ser recordado; era su propia muerte, ¿por qué no?.

Se llegó entonces el día, una fecha con mucho significado para él, y muy temprano, como de costumbre, se levantó, se acicaló, se despidió de sus seres más queridos, y al cerrar tras de si, la puerta del que fuera su hogar por por tantos años, sintió entonces la nostalgia, del que se marcha, y que sabe en su interior, que no regresará jamás, no cuando menos, vivo.

Su último viaje lo llevó muy lejos de su casa, fuera de la ciudad, inclusive, ésa ciudad que hacía cuarenta y dos años lo viera nacer.

Sintió que dejaba atrás los años de trabajo inútil y desgastante, que poca o ninguna emoción agregaban a su ya melancólica existencia.

Mientras se alejaba de la ciudad, abrió de par en par la ventanilla del autobús, y respiró profundamente, el aire que se colaba veloz, dejó también que el sol de la mañana que se levantaba, encandilara sus ojos, como queriéndolos saturar, de su brillo, recordó entonces aquella femenina mirada, esos ojos color miel que solían producir el mismo efecto del astro rey, que ria recordar su luminiscencia, antes que la oscuridad de la muerte, opacara para siempre su brillo.

Llegó a su destino una hora después, bajó del autobús, y recordó que allí en la terminal, hacía un año atrás, esperaba con ansia y felicidad, a la mujer que marcó para siempre su vida, la mujer que guardaba en su corazón, como el más oscuro de sus secretos, como el más grande de sus tesoros, pero que a su vez, sería ese día "Interfectorem", "mortis causa".

Entró a una pequeña capilla que había allí, estaba casi tan llena como en aquel día, se arrodilló y pidió perdón por lo que haría, otro de los muchos pecados que había cometido durante su vida, uno mortal y definitivo, mucho más que el que cometiera un año atrás con aquel amor prohibido de su vida.

Allí se despidió de su Dios, ése en el que ya no creía, en el que había perdido la fe, le reprochó de rodillas el abandono, el arrebato de su sueño, el juego cruel de poner frente a el, el amor, la pasión y la perfección hecha mujer, y después haberla apartado para siempre de su lado, estrellándolo contra el duro piso de la realidad, secó lágrimas abundantes que brotaron de sus ojos, mordió con rabia, sus labios y su lengua, se santiguó con desdén y dando la espalda al crucifijo sobre el altar, salió de la capilla.

Luego dijo en el tono de voz entrecortada por  la pena, pero que muchos curiosos de su actitud, alcanzaron a escuchar:-se que no vendrás por mi alma. que no habrán ángeles esperándome, cuando haga lo que voy a hacer, le pido entonces que el diga al diablo, que no pierda el viaje tampoco, que si quiere mi alma, le tocará buscarla a ella, y reclamársela, se la dí hace un año, se fué con ella, y no me la devolvió jamás-.

La gente del lugar, lo miró con extrañeza, curiosidad y burla, creyeron sin duda que se le había corrido el shampoo, que se le tostó el cerebro, que rompió los engranajes de la cordura.

Bajó por la escalera que lo conduciría, a la salida de la terminal de buses, por un momento permaneció sentado en la parada, simulando la espera de aquella vez, oteaba cada taxi que arribaba, e imaginó que ella llegaba en alguno de ellos, que bajaba de prisa, con su vestido rosado y su chaqueta negra, lentes oscuros para ocultar la belleza infinita de sus ojos, su corazón pareció entonces acelerarse, volvieron a hacerle agua los ojos, se paró de repente, y detuvo un taxi, subió en el, y le dió precisas instrucciones al conductor, parapetó la pena que le desbordaba por sus ojos, con unos lentes oscuros, más las lágrimas rodaban abundantes por sus mejillas, delatando su congoja, los espejos de los lentes se empañaron, y su nariz se saturó de mucosa, la tristeza hacía repuja en su pecho, sacó un pañuelo facial, y secó su rostro, un llanto seco y quedo que quiso disimular brotó de su boca;-¿le pasa algo, caballero?- preguntó el conductor, -nada, el clima de esta ciudad me tiene apestado-, mintió él, y puso su mirada en una de las ventanas del auto.

Llegó al motel aquel, el mismo en el que compartió el día y parte de la noche con aquella mujer, un año atrás, frente a el estaba la misma habitación, como si nunca hubiese sido usada, desde aquella vez, el mismo cuadro sobre la cama, las dos mesitas de noche a lado y lado, el peinador situado en frente, el mismo espejo, y el jacuzzi que hacía burbujas en un rincón de la habitación.




Preparó todo como lo había planeado, desde hacía tanto tiempo, tomo un baño en la ducha, luego abrió las ventanas, se asomó al balcón de la habitación y miró las montañas a lo lejos, se zambulló en el jacuzzi, llevó consigo una botella de licor, que ingirió con rapidez, luego se sintió un poco ebrio, deshizo la cama, y se metió entre las sábanas, abrazó la almohada, y lloró amargamente, imaginó que era ella a quien abrazaba, imaginó haciéndole el amor, como en aquella vez, y que dormiría con ella a su lado.

Bebió aún más, y cuando se sintió los suficientemente ebrio, se armó uno de esos cigarros, de los que te dan risa primero, y luego te aflojan la lágrima, lo fumó lentamente, hizo figuras, con el humo que de pronto se hizo neblina en la habitación, la psicodelia le hizo ver las letras del nombre de aquella mujer, escritas con humo, alucinó de tal loca manera, que rió, gritó, golpeó y pateó con furia y desespero la cama, con toda la furia, la rabia, la amargura, la pena pura, el dolor intenso, la impotencia total.

Cayó dormido, fatigado por la descarga emocional, pero no concilio el sueño por mucho tiempo, se despertó algo mareado y con nauseas, le dolía la cabeza, pensó que se había golpeado contra algo, respiro profundo y ya consciente de los hechos, se puso manos a la obra, había llegado el momento, era el tiempo de acabarlo todo de una vez por todas.

Quebró la botella de alcohol y con uno de los filosos trozos, cortó su brazo izquierdo, escribió en profundos cortes el nombre de su amada, se quejó de dolor, apretó sus dientes, y la sangre empezó a brotar con escándalo tiñiendo de sangre la blancura de las sábanas.

De una mochila que llevara encima, sacó una hoja de papel en blanco, y con su propia sangre escribió una carta.

Esto fué lo que escribió, preso del dolor y la demencia que padecía su alma:

"Amada mía, Mi ....., no entenderás lo que hice, nadie lo hará jamás, me sobran los por qués, ésos que harán falta para explicar, esta decisión, absurda para muchos, cobarde para todos, pero consoladora para mi, una razón que solo yo entiendo, así como lo es este amor, que solo yo siento, he decidido terminar con mi sufrimiento, es en esto, en lo que se ha convertido mi vida, desde que te fuiste de mi lado, quise olvidarte, lo intenté, pero también fracasé como en casi todo lo que intenté despues, quise arrancarte de mi ser, pero no pude lograrlo.

Se que todos me juzgarán por este hecho, más no vivo por la opinión ajena, muero por mi propia voluntad y mano, bajo mi propio convencimiento, de que te amé y te amaré siempre, nadie entiende la profundidad, ni de este sentimiento, ni de las razones que me llevan a hacerlo.

Decidí darle fin a mi tortura, ésta de amarte, de esperarte, sin que seas mía de nuevo, sin que regreses a mi, decido acabar con esto, que fué breve felicidad para mi, y que luego fué mi sentencia de muerte, la misma que ahora, me dispongo llevar a cabo.

Lo siento, perdóname, te amo, gracias!

Luego secando sus lágrimas, que cayeron abundantemente sobre las hojas destiñendo las letras, extrajo de la mochila un revólver calibre treinta y ocho corto Smith and Wesson, que logró comprarle a un malandro por trecientos mil pesos, revisó el tambor, solo había una bala, no le alcanzó el dinero para comprar las otras cinco, -con una sola bastará- pensó para sí, -solo debo ponerla en el lugar correcto-.

Se la puso en la boca, pensó dispararse en ese lugar, más sintió miedo, uno tonto de último momento, hubo amago de arrepentimiento, pensó que le dolería mucho, perdió el valor, se vió con el rostro y el cráneo hecho pedazos por la detonación, así que cambió de parecer, y en su lugar, puso el cañón del arma en su pecho, en el lugar donde sentía los latidos de su nervioso corazón, latía deprisa, entonces, se le vino a la memoria el rostro de la chica, imaginó su cabeza recostada contra su pecho, le pareció aspirar el aroma de su cabello, su respiración, agitado las vellosidades de su vientre, imaginó que ella volvía su rostro para mirarle y clavarle sus ojos miel en los suyos, fué en ese mismo instante en que haló del gatillo.

La detonación resonó en un estruendo seco, que hizo eco en las paredes de la habitación, su cuerpo, quedó tendido en la cam, la bala partió en dos su corazón y perforó su pulmón izquierdo, de su boca y nariz, brotaron hilos de sangre, la prueba inequívoca de que el tracto respiratorio se saturó de sangre, buscando una salida que no fuera el agujero del pecho y la espalda.

De sus ojos también brotaron unas últimas lágrimas, ensangrentadas también, cosa que los forenses no pudieron explicar con certeza absoluta.

Cuando le hallaron sobre la cama, había pintado una especie de graffiti, en una de las sábanas con las que se cubrió el cuerpo,  con la misma sangre del brazo, con la que escribió la carta, antes de pegarse el tiro.

El mensaje a puño y letra decía:

"Ciertamente y como muchos sostienen, no se muere de amor, pero por amor sí se mata, aunque el muerto sea uno mismo".

La carta fué hallada en un sobre que tenía como destinatario el nombre de la mujer que se tatuara con el filo del vidrio en su brazo, con una frase póstuma que decía:

"Mi cuerpo a la tierra, mi fé y mi esperanza al Dios que traicioné, y mi alma maldita, al diablo!(aunque el muy infeliz ya sabe, a quién debe reclamársela), y mi corazón partido en pedazos, a la mujer que lo dejó así, cuando decidió marcharse".

Firmo con sangre