viernes, 25 de abril de 2014

"No te lastiman mis palabras, te lastima que no digan lo que quieres de ellas escuchar.

No te lastima el destino que ellas puedan tener, te lastima que el destino no las conduzcan a tí.

No te lastima que no cante, te lastima que la melodía que entono, no te mencione en ninguna parte.

No te lastima mi silencio, te lastima imaginar que estoy enojado, que no quiero hablarte, que no tengo nada importante y valioso que decirte.

No te lastima que me aparte, que me aleje, te lastima que a otra me aproxime, que me le acerque.

No te lastima que te ignore, te lastima que mi atención, esfuerzo y tiempo, lo gaste con otra que si lo aproveche.

Tú esperabas de mi algo que no puedo darte, yo solo de mi ser, te ofrecí una parte, tu fuiste la que esa decisión de aceptarla tomaste, y con ella conformarte, luego quisiste más, y mas no podía yo darte.

Ahora que cambia la marea, yo soy el malo del paseo, el que te abandona a tu suerte, el que se hace de la vista gorda con tu dolor, un desagradecido más y un aprovechado de tu buena fe y amor.

Yo te digo: es mejor herir con la verdad, que agradar con hipocresía, tú me ofreciste una amistad, y eso creí que de tí recibiría.

Una sin contratos, ni prevendas, sin imposiciones, respetando libertades, cautelando independencias, protegiendo integridades, valorando dignidades, sin preceptos, condicionamientos, concesiones o emocionales chantajes, cada uno tan libre de ataduras y obligaciones como fuera posible darse.

Yo si quiero ser tu amigo, pero si no te sirve, lo que soy ni lo que te ofrezco, entenderé tus particulares motivos, aceptaré y trataré de asimilar la decisión que tomes basada en tus personales razones, pero ten presente estas cuestiones.

Quien sacrifica amor por amistad, o amistad por amor, no reconoce la valía de una mala transacción de emociones."



"Pobres niños ricos, a quienes la vida los ha castigado y maldecido con fama, gloria, poder, honra, fortuna y dinero, cosas que se canjean y cotizan bajo el mismo concepto y valor.

Pobres niños ricos, cuyos ilustres apellidos, y esos ancestrales lazos familiares, les anteceden y preceden a donde quiera que vayan, que les abren todas las puertas, y que les tapizan y alfombran de elogios y adulaciones los pasos que dan, los mismos niños de cabeza acomodada que andan escoltados por su ego rechoncho y abultado, tanto como las cuentas corrientes de sus papitos, por el orgullo y distinción de ser fulano de tal.

Pobres niños ricos, cuya extrema riqueza y exagerada fortuna, les crea y les alimenta esa falsa sensación de invulnerabilidad, de inmortalidad, de impunidad.

El dinero es el fin que justifica sus medios, sus actos, sus pensamientos y sentimientos, se convierte en su más valiosa herramienta y en un poderoso instrumento, en la justificada excusa para arriesgarlo todo, darlo todo, intentarlo todo, a cualquier costo, a cualquier precio.

Pobres niños ricos, que crecen con la idea de que todo está a la venta, las cosas, las personas, los sentimientos, la mente, el corazón, el cuerpo, el alma, el espíritu, la dignidad, la inteligencia, el honor, el sexo, lo que se puede ver, oler y palpar, lo que no, también creen que precio puede tener, si se ofrece lo suficiente.

Creen poder comprar todo lo tangible y todo lo que escapa a su mortal y material entendimiento, su propia megalomanía, es una especie de ariete, que derriba toda frontera, toda barrera social, política, moral, religiosa, psicológica, filosófica y por supuesto económica.

Su venerado dios dinero, es su única fé, su credo, su dogma, su paradigma, su obsesión, su estandarte, por encima de todo, de todos, de sí mismos, lo harían todo por seguir siendo ricos.

Pobres niños ricos, cuya autoestima se sustenta y se reafirma en la posesión y colección de objetos a los que se aferran como garrapatas a la carne, objetos en los que gastan una fortuna para impresionar a otros menos ricos en materia gris, y en espíritu.

costosos y caros amigos, compran aduladores del poder que les da el dinero, visten a la moda, pues la ropa les es tan importante como cualquier persona, siendo cualquier persona, menos importante que la marca de su ropa, ahorradores mezquinos son algunos, prefieren vivir de las apariencias y los apellidos, mientras sus tripas les silban de hambre y tacañearía absurda.

Gastar les calma las crisis nerviosas, se curan la depresión coleccionando cosas, personas, experiencias que puedan publicitar, que mejoren su fama, imagen y buena fortuna.

Su afán de ostentar es compulsivo, una maniática-mediática conducta, casi involuntaria, pero fría y calculadamente premeditada.

El dinero, se convierte en una prótesis a su mutilada y discapacitada naturaleza humana, algo con lo que no se puede llegar a vivir si hace mucha falta.

No conocen el hambre, ni la carencia, más que a través de las noticias de periódicos que consideran mentirosos, exageradores de la realidad y amarillistas de la tragedia ajena.

Por supuesto que saben del trabajo, quienes sudaron su frente y doblaron su espina dorsal para amasar fortuna a costa de su propio esfuerzo y salud, pero también los hay que saben del trabajo duro, por que lo ven hacer por otros para beneficio de ellos.

Pobres niños ricos, cuyas vidas privilegiadas y bendecidas por las autoridades del clero y la política, se ven amenazados, por una masa ignorante, una chusma de envidiosos, y resentidos sociales, parias que carecen de buenos modales y buenos apellidos.

Pobres niños ricos, que deben soportar la compañía de toda esa plebe, que pretende ilusamente tener la clase, y distinción que les caracteriza desde antes de nacer, ¿como diablos se les ocurre que puedan siquiera pretender ser como ellos?, ¿como pueden ser tan igualados?, ¿no pueden ubicarse bien, y ver que no son como nosotros?, ¿somos la élite del ego?.

Pobres niños ricos, aún a pesar de todo su dinero, y el poder que les inflama el ego, padecen de enfermedades terminales, como cualquier pordiosero, también les da hambre, mal aliento, y cuando mueren, si no son cremados, los gusanos los devoran como a cualquier cristiano.

Ni todo el oro del mundo les puede dar la inmortalidad, algunos mueren con estilo, estampillados contra un muro en sus ferraris, en sus porches, y lambourginis, en sus aviones privados, ahogados en sus tinas con enchape de oro.

En medio de las cirugías tan plásticas como sus propias vidas,  con las que mejoran el aspecto de su superficialidad, pero no el aspecto de su alma, añaden artificialmente belleza a su vanidad mundana, pero no se operan el corazón egoísta que se les pudre en el interior y corrompe el resto de sus entrañas, allí donde reposa su mayor fealdad.

Todo lo que quieren o se antojan lo pueden comprar, en efectivo, cheque o crédito, pero con dinero contante y sonante no compran la paz de sus conciencias, ni el sueño para su insomnio, ni la cura a su cáncer terminal, ni el milagro de caminar para su cuadraplegia, ni el amor en sus matrimonios de encanto, ni la felicidad para sus vidas llenas de cosas y vacías de humanidad, no pueden comprar la sinceridad de un amor, la lealtad de una amistad, un perfume fino apenas y disimula la hediondez de su trasero, o el mal aliento de sus refinadas y políglotas bocas.

Un generoso diezmo podrá perdonar sus múltiples pecados de la carne, pero no les aparcará un lugar en el cielo, que creen se vende como privada propiedad.
Se vestirán de seda y chiffón, de lino fino, pero será lo único fino que poseerán jamás, no ocultarán su ser mezquino ni el bajo precio en el que su negra alma cotiza en la bolsa de los verdaderos valores.

No tengo nada en contra de los que nadan en dinero, hay fortunas bien habidas, con sudor y esfuerzo, con dignidad y trabajo duro, son pocas, como las brujas, pero que las hay, las hay.

Mi problema es con los que hacen del dinero un instrumento del mal, uno que usan para humillar, para denigrar, para rebajar, para pisotear, para comprar la dignidad, para pagar el trabajo sucio del homicidio a un enemigo, para sobornar la ley, para comprar la conciencia, para imponer la voluntad a la fuerza.

El dinero, puede ser como muchas cosas que se usan, una bendición o una maldición, como instrumento y como medio, esto depende, del ángel o el demonio, que lo gasta o que lo usa."
















martes, 22 de abril de 2014

"En un día como cualquier otro, un montón de papeles sobre el escritorio, un montón de asuntos pendientes, contratos, facturas, y demás; la lucecita parpadeante del contestador, anunciando un montón de llamadas en espera.

Unos sofisticados y glamurosos anteojos oscuros, disimulan un insomnio prematuro y las ojeras de una resaca mañanera. Levanta a penas su mano cuando cruza el hall que lo conduce a los cubículos que se apiñan a la entrada, como un insorteable laberinto hasta su oficina, en la otra mano sostiene su teléfono movil y atiende una de sus muy tempranas llamadas.

Cierra tras de sí la puerta, se sienta cómodamente en su silla, mientras mira por la ventana con algo de indiferencia, los edificios de enfrente que hacen de pintura realista, mientras la luz del sol se filtra por el cristal y las persianas que cubre la panorámica de su ventana, no tarda mucho en el asunto del teléfono.

Del otro lado del cuarto, la secretaria se apresura a organizar un fajo de papeles y documentos, se mira en el espejo que gurda en el bolsillo de su cartera de mano, y mira atentamente el panel del conmutador, esperando que una luz de las muchas que titilan se encienda, indicándole, su presencia inmediata en la oficina de aquel ejecutivo con pinta de gentleman gigoló.

Con disimulo organiza su blusa, su chaqueta, mientras remanga sobre si la corta extensión de su falda, acomoda unos ligueros que ciñen de sensualidad y provocación el nacarado de sus piernas.

Dentro de la oficina, aquél que hace las veces de su patrono, la monitorea sigiloso en una pantalla que conecta una cámara de vigilancia, mientras sus ojos se clavan como puñales en la diminuta pantalla, su mente se retuerce en pensamientos cargados de testosterona, lo que hace que casi y como acción involuntaria se abulte su entrepierna.

El instinto le ha seducido con aquellas imágenes físicas y mentales, su razón se desvanece y le hace campo en el inconsciente a la líbido que parece desbordarse, oprime finalmente el interruptor, y con aquella voz que mezcla algo se apostura, seriedad y autoridad, hace llamar a su asistente personal.

Mientras la silueta de aquella joven y hermosa mujer hacen su aparición por el umbral, él mañosamente cierra las persianas que cubren la ventana, bajando adrede la intensidad de los rayos del sol que se levantaba y que lograban filtrarse llenando de luz aquella sala.

La luz queda atenuada en el interior, él se recuesta cómodamente en su silla como si fuese a presenciar un show, la pasarela de un desfile de deseos que le aceleran los latidos y le desorbitan los ojos lujuriosos.

Ella ingresa lenta y cadenciosamente, como escribiendo una partitura en el alfombrado de aquel lugar, un halo de misterio la sigue, una sombra le hace huella mientras le persigue los pasos, de la misma forma, los ojos de su empleador le caen encima, mientras sus tacones hacen eco en el recinto.

Un suspiro y una bocanada de aire silente,  casi imperceptible se escapa de la boca abierta de aquel ejecutivo espectador.

Ella se inclina y coloca una carpeta atiborrada de papeles sobre el escritorio, y su escote descarado, hace que las órbitas de los ojos de aquel hombre adquieran un singular y elevado tamaño, y la dilatación de sus pupilas, las que no dejan de escanear los contornos de aquella figura femenina.

Su corazón aprieta el acelerador de los latidos, y el que habita en su ropa interior, no parece tener mucho espacio, en el lino de aquel fino pantalón.

Ella le clava el verdor de sus ojos cargados de lujuria pecaminosa, mientras coqueta, baja un poco los anteojos que enmarcan su letal mirada, luego con un ademán felino se sienta en una esquina del escritorio, mientras cruza con descaro las piernas dejándose ver el color de la ropa interior y los ligueros, tan negros como sus sucias intenciones, haciendo morder los labios de su jefe, dibujando perversión en su rostro ruborizado de fascinación.

La invitación a los sentidos ya había sido hecha, ambos sienten el flujo de la adrenalina por sus torrentes sanguíneos, su respiración se da prisa, y un sudor tibio recorre sus espaldas, sus pensamientos recrean todo tipo de imágenes cargadas de líbido, se dibujan escenas cargadas de morbo en la complicidad de una mutua mirada, ella y él, sienten que sus deseos rompen filas, que las ganas les hacen un tropel que no logran contener, el deseo los empuja, no ofrece mayor resistencia, ellos deciden súbitamente, darle rienda suelta a la insensatez, de algo que les supera en instinto la razón, de algo que ya los dos no aguantan.

Ella le salta encima, como fiera sobre su presa indefensa, lo toma por el cuello, sujeta una de las solapas de su camisa y con la otra mano le hala la corbata, se estampan un beso intenso y sus lenguas entablan una muy particular conversación, se entrelazan, como serpientes, con frenesí y un desespero inexplicable, recorren sus cavidades, se mordisquean, los labios, los mentones, como bebiéndose un néctar que les brota de su saliva, el jugo de un fruto prohibido, que apenas van a empezar a comer.

Él con una de sus manos busca uno a uno en la espalda de ella, los botones de la blusa, mientras que la otra mano con descaro consentido, masajea y moldea la redondez de su par de nalgas.

Es un manoseo intenso y descarado, como un calco a mano limpia, pero con conciencia bien sucia, las manos de ambos andan por todos lados, como esculcando las formas y las partes, los contornos, hendiduras y protuberancias, parecía más una requisa, el reconocimiento de una ceguera que ninguno padecía, cuando menos, no de la vista.

El logra despojarla de una sola vez, de su blusa y sostén, y la suerte le premia con un par de pechos desnudos que se agitan frente a su rostro, fruta fresca que se ofrece a degustación.

Ella desabotona su camisa como puede, mientras el le besa del pecho para abajo, ella le afloja la corbata y le desata el cinturón, el continúa usando su boca para emparejar la talla del sostén, y su lengua enfrenta su puntiagudez con los redondos vértices de aquellos rosados pezones.

Ahora las manos de él no están mas sujetando la parte más baja de su espalda, sus dedos se aventuran juguetones, en busca de pliegues húmedos y hendiduras mojadas, mientras su lengua se adhiere como pegajoso instrumento a su vientre, y pincelea los contornos del ombligo de su asistente.

Ella siente que su ropa interior se humedece, con la amenaza de una precoz descarga orgásmica, entonces se retira súbita y provocativa, y se agacha entre las piernas de aquel fetiche, ella masajea la protuberancia del pantalón de su amante, baja lentamente el cierre, y esculca en la ropa interior con un afán pecaminoso, mientras dibuja lujuria en su rostro y un morbo casi diabólico en los ojos.

Ella sujeta con fuerza lo que halló entre el calzón, y entonces satura su boca con un beso de acento extranjero, uno galés, que logra arrancar los gemidos de placer de su no tan casual pareja, en perfecto castellano.

Lo que mutuamente se hicieron luego el uno al otro, un lenguaje oral, del que muchos considerarían prohibido escribir, no fué sexo escrito, pero fué oral y lo que se dijeron sus bocas con sus partes, de ellos solo brotaron quejidos, no palabras.

(cosa más absurda llamar sexo oral, a lo que haces sin poder decir ni una sola palabra)

Aquel escritorio confundió su función y le tocó hacer de lecho, ambos lograron borrar de su mente el pudor y el miedo a ser repentinamente descubiertos, haciendo una nueva edición del kamasutra, sobre aquel improvisado catre.

Se besaron tanto, que ambos sintieron la necesidad de beber agua, pues se les agotaba la saliva.

Él la embistió con acelerado desenfreno, ella lo recibió con complacencia participante, ambos se follaron, se fornicaron uno al otro y cometieron uno a uno todos los pecados de la carne, se profanaron aquellos templos del alma, ardieron juntos en un infierno de pasión que ellos mismos se inventaron.

Aquello fue más una batalla campal, un devorarse mutuamente, en su desaforada manera de amarse, sacudieron telúricamente el escritorio echando por tierra, los objetos de oficina y la papelería.

Finalmente y entre gemidos que hacían eco en aquel lugar, llegó el espasmo de la descarga, y hubo una especie de pausa silenciosa, entremezclada con resoplidos de una respiración entrecortada y agitada, hubo un cese de actividad, un estado de aletargamiento y reposo entre el cazador y su presa, y por un momento, uno único, uno casi mágico, justo cuando el descargó su contenido seminal, y ella simultánea y en sincronía hacía también la suya, sus ojos se encontraron en la profundidad de una mirada, se reconocieron brevemente en el color de sus pupilas, y aunque el orgasmo les dolía en sus genitales, permanecieron así brevemente, como extrañados de lo que ambos se vieron en los ojos.

Se besaron por instinto complaciente y agradecido, pero como si hubiesen sido descubiertos por algún paparazzi camuflado, se vistieron tan deprisa como pudieron, se limpiaron las evidencias químicas y físicas de su sexual encuentro, ella y él su mutuo desorden recogieron.

Él ciñó de nuevo el sostén, y uno a uno los botones de la blusa, ella hizo lo mismo con la camisa de él y anudó de nuevo su corbata en aquel cuello tatuado de labial.

Se arreglaron el desgreñe del cabello, y luego cada uno ocultó una vergüenza y un remordimiento que no sentían en sus respectivos anteojos.

Ella se subió de nuevo la falda y acomodó su ropa interior y sus ligueros, como si nunca hubiesen sido retirados de su humanidad.

Se dieron un último beso, se susurraron descarados y atrevidos elogios al oído, ambos dibujaban ahora una sonrisa que mostraba la mutua satisfacción de aquella hambruna de fantasía sexual compartida.

El móvil de él sonó rompiendo el silencio, fracturando el momento, pifiando el instante, el identificador escribió un nombre:¡es mi esposa!, una mueca fría, un cóctel de sorpresa y ése natural susto de saberse sorprendido, fué lo que recibió su amante, su voz antes masculina, perversa y siniestra, durante el acto, ahora se amansaba y titubeaba ante la voz de la fémina interlocutora con la que hablaba.

Se sentó con un leve temblor en las piernas, no fué producto de la faena, mas bien fué la sorpresa de aquella inoportuna llamada, el giró su silla y abrió de nuevo la persiana, dándole a ella la espalda.

Ella tomó nerviosa la carpeta con la que entrara del escritorio recién ordenado, y preguntó con algo de incomodidad nerviosa y molesta en la voz:"¿se le ofrece algo más?".

Él sujetaba el móvil aún en su oído con una de sus manos y con la otra masajeandose la frente y el cabello, casi con desdén y desinterés en la voz le respondió:"¡por ahora no!, ¡así estuvo bien!, luego la llamo, si llego a necesitarla".

No la miró más y siguió su conversación con una fingida sonrisa, endulzó de nuevo el tono de la voz, para agasajar a la mujer que estaba del otro lado de la linea telefónica, la mujer que una vez juró amar y serle eternamente fiel en un sacramento que acababa de profanar.

Ella salió de la oficina, y con algo de rabia y celos buscó su movil en el bolsillo de la cartera de mano, varias llamadas perdidas aparecían en el registro, ella marcó de retorno, y una voz masculina resonó en el auricular de su teléfono diciendo:"¡hola mi amor!, ¿en dónde estabas?, ¡te he estado marcando hace más de una hora!, ¿por qué no contestabas?"

Ella con la frialdad de una mentira prefabricada le responde:"¡estaba en una junta, con mi jefe, no podía contestar el teléfono!".

Y así siguieron jugando el peligroso juego del engaño, cada día, en las horas del almuerzo, en la tarde, a horas de juntas y reuniones que no aparecen en la agenda y que nunca fueron convocadas.

Él engaña a su devota esposa con su asistente, ella a su novio con el jefe."

Nadie está nunca conforme con lo que a su disposición tiene, y anda en la búsqueda peligrosa de lo que no se le ha perdido, con quien no debe.

Qué lúdica mas peligrosa, es eso de andar tentando al destino, el propio y el ajeno, con falsedad de sentimientos, resulta ser la seducción de los sentidos y de la carne, un juego cruel y perverso, en donde priman las mentiras y en donde la verdad se deja a su propia suerte.

Se hace tan fácil hallar hoy por hoy el sexo, y tan difícil eso que llaman amor.

¿Si un orgasmo remplaza los sentimientos, lo sublime de lo eterno, puede entonces lo eterno sucumbir ante lo efímero de un casual encuentro?

Hay quienes afirman que al mal amor, bueno es el sexo, y quienes dicen que a falta de sexo, buen consuelo resultaría ser el amor.

Yo solo sé que el sexo es el sexo y que el amor...bueno, no se que coños es...solo sé que el sexo sin amor, es terriblemente insípido, y el amor sin sexo, terriblemente cojo e incompleto."

























lunes, 21 de abril de 2014

"Que le diremos a la historia, si ya parece estar todo dicho, que le diremos a la memoria de aquellas guerras de antaño, de hermanos asesinando hermanos, de ideologías que llevaron en masa a la locura colectiva, a unos a las armas y la barbarie, a otros a la ignominiosa complicidad de la indiferencia, ante el dolor, la tragedia y el padecimiento de sus hermanos humanos.

¿Qué infierno le espera a quien viola y asesina niños y mujeres?, ¿qué karma debe pagar quien asesina por dinero?, ése que se vende al mejor postor para segar vidas, culpables o inocentes, mercenario de la tragedia, al que la vida le vale "huevo", gatillero alegre, matarife alevoso, cínico de la muerte a domicilio.

Asesinamos todo el tiempo, con pensamientos envidiosos, con palabras hirientes, con acciones denigrantes, llevamos en la boca una daga filosa que perfora sentimientos y desangra emociones, en nuestros pensamientos las psicopatía de un asesino serial, envidia, celos, ambición, rabia y todos los pecados capitales, que aguardan ser cometidos en algún momento.

Nos hacemos cómplices del crimen, del maltrato, del abuso, de la violencia hacia otros, e incluso en nosotros mismos.

Nos da lo mismo, si matan o roban al vecino, si violan a la hija de un desconocido, si atracan, si ponen bombas, si desaparecen, si del mapa los borran.

Es una película ajena, que solo vemos, para escandalizarnos, abrir la boca y cruzarnos de brazos.

Estamos de este lado, del más cómodo, en el que no nos pasa nada, en el que apenas y sentimos repugnancia, nos escandalizamos, nos compungimos hipócritamente, pero nada más.

Volvemos a nuestra zona de confort, dónde nunca nos pasa nada, gracias al dios a quien también le echamos la culpa por no hacer nada, con los malvados, los asesinos, pedófilos y violadores, los arrojadores de ácido, destructores de identidades, los sicarios de subasta, los que se venden al que más paga, los que venden veneno que los niños se fuman, sin terminar su escuela, los que que robando fácil se la ganan.

Y ni que decir de los que viendo la trampa guardan silencio, o le ponen precio a su dignidad cerrando la boca ante el robo, la calumnia, la mentira y la estafa, los de cuello blanco que van a prestigiosas universidades, a estudiar las leyes para saber luego como quebrantarlas, como huir ileso de las manos mutiladas de una justicia que no persigue sino a los de ruana.

Lo que duele no es la maldad que el mundo exhibe con publicidad periodística, lo que duele es la indiferencia ante la tragedia de nuestro hermano, mientras tu te llenas la panza con el abundante almuerzo que te das el lujo de regatear por cualquier causa, un niño muere de hambre en el áfrica, otro baleado o en un bombardeo en la franja de Gaza.

Mientras respiras, están matando, violando y masacrando por un montón de sucios billetes, por lo que en tu cabeza guardas y defiendes, por cualquier cosa te quitan la vida, y muchas veces por nada.

Somos carne de cañón, ratas de laboratorio, no respetamos nada, ni árboles, ni animales, nada, depredamos todo, todo lo destruimos, somos una plaga, una que consume el mundo, una enfermedad caníbal, en la que la selección natural, desnaturaliza el título de humanos que solemos ostentar, lucha salvaje del más fuerte, del más inteligente, del más apto, del que más plata tiene, más armas dispara, más poder ejerce, más dolor inflige, más tragedia y miedo causa."




domingo, 20 de abril de 2014

"No apareció en el horizonte, aún cuando la esperé durante tantos años, durante tanto tiempo.

Mis labios se quedaron con un beso haciendo pausa, mis ojos querían dibujar los contornos de su figura otra vez.

Las caricias en mis manos se durmieron, el calor de mi cuerpo se enfrió, las ganas de mi sexo se agotaron, se rindieron, de extinguieron, se apagaron.

No vendrás más a mis sueños, ahora solo hay vagos y difusos fragmentos de imágenes de un pasado, que cada vez de hace más lejano con el paso de los días, los meses y los años.

Le añadiste a la distancia física, una emocional, una psicológica, una existencial, una moral, una religiosa.

Hoy estás mas lejos que una estrella en el firmamento, ése que soñé compartir contigo a tu regreso, ése que prometiste, y al que abdicaste sin razón, sin por qué, sin explicación.

Silencio, es todo lo que recibí a cambio, silencio a todas mis preguntas, silencio a todo el amor que te tenía reservado, silencio que marchitó la flor de mi esperanza, silencio que hoy llena el vacío que dejaste en mi corazón.

No tomaré tu mano, ni caminaré nunca mas a tu lado, no me miraré de nuevo en los espejos de tus ojos, no se enredarán jamás mis dedos en la negrura de tus cabellos, no sentirán mis manos la suavidad de tus mejillas, no saciaré mi sed con la miel refrescante de tus labios.

No recostaré mi cabeza en tus piernas, ni nos meceremos juntos hasta que la mañana nos sorprenda, no nos daremos besos furtivos, prohibidos, tímidos y temerosos, no se repetirá nuestra primera vez, nuestro primer encuentro.

Quisiera olvidarte para siempre, borrarte de mi mente, lo he intentado infructuosamente, durante todo este tiempo, no ha sido posible, por alguna estúpida razón, sigues siendo lo primero en lo que pienso en la mañana, y mi último pensamiento se va a la cama con tu imagen.

Tu nombre me lo encuentro en anagramas en cada libro, revista, sopa de letras, periódico, y hasta en lo que ahora escribo.

Jamás he de volver a ser el mismo, fuí destruido, demolido, reducido a cenizas, átomo por átomo, partícula por partícula, molécula por molécula.

Fui afectado en todos mis tejidos, en mi cadena genética, dentro de mi, todo se hace y se arma ahora de nuevo, pieza por pieza, como un rompecabezas.

Hoy trato de escribir una nueva historia, doy pasos de tortuga a un destino incierto, quiero re inventarme, reestructurar mi vida, mis sentidos, mis sentimientos.

Uniré uno a uno mis pedazos, los trozos de este corazón desarmado, me tomaré el pelo con los dolorosos recuerdos, trataré de reírme en la cara del fracaso, haré de cuenta que todo fue un sueño, daré un giro completo a lo que fué mi vida, hasta ése trágico momento, no el de re encontrarme contigo, sino el de irte perdiendo en el devenir del tiempo.

Ha llegado el momento, de rendirme a mi destino, de dejar que todo pase, que todo fluya, en su monótono ritmo, que la vida me añeje poco a poco, que la luz de mis ojos se extinga cada día, que mi fe decline en las decepciones que habrán de venir, que mi esperanza se me vaya entre los dedos.

No pintaré más futuros hipotéticos contigo, no te veré vieja a mi lado, ni imaginaré más amaneceres desnudo contigo, ni cansado de hacerte el amor, no respiraré en mi memoria el aroma de tu piel, ni recordaré más el color de tu cabello.

Voy a tratar una vez más con lo imposible, con el deseo inútil de borrarte, de resetearte, de padecer una amnesia selectiva de todo lo que lleve tu nombre y apellido, para que no me siga doliendo, para que no me siga matando."






sábado, 19 de abril de 2014

"Dicen de mi, una y tantas cosas, se llenan la boca con puras pendejadas, me endilgan amores, tendencias sexuales, hasta me despojan de la ropa que llevo puesta.

Dicen que soy coqueto, infiel, puto, perro, una porquería con piernas, que estoy loco, que soy loca, que se me tostó el chip del cerebro.

¡Hipócritas mal nacidos!, no saben ni conocen de mi ni una jota, todo se lo figuran, todo se lo inventan, es la única creatividad que albergan en sus pequeñas cabezas huecas.

Dicen que soy un tonto, enamoradizo, un iluso, que no tengo los pies en la tierra, que ando de viaje siempre, que a lo mejor consumo drogas o me inyecto veneno en las venas.

Soy un paria, un idiota, un infantil, un niño grande, inmaduro y tonto, tan ingenuo que cualquiera con la mitad de materia gris en el cerebro podría engañarme y hacerme quedar como un imbécil.

Dicen que soy un mentiroso, una farsa parlante, que la mitomanía en mí es natural y casi una enfermedad terminal, que miento por instinto, que me quedan bien cocidas las falsedades que muchos se comen, que lo mio no es más que una patología psiquiátrica por aparentar lo que no soy.

Dicen que todo lo mío es ficción, la pantomima de una humanidad que no poseo, que mis demonios me superan en número y pecados, que no hay nada virtuoso en mí, que soy peligroso para quien me conoce, que soy una manzana podrida, un corruptor de menores, un alienador de mentes débiles.

Dicen que soy un lobo con piel de oveja, un depredador furtivo, un acechador virtual, un acosador de pubertas, un enredador, lisonjero.

Les diré quien soy, ¡partida de chingones!, soy común y corriente, más corriente de lo común, no me ando con pendejadas de las que tanto hablan en reuniones de amigos, los mismos que se te ríen en sus fucking caras, que dan la espalda y les clavan un puñal, que esperan la hora de que sus relaciones terminen para caerle a sus fucking novias, las mismas que hablan de tus defectos en las redes sociales.

La hipocresía no fue nunca lo mío, éso es para mediocres, para mentes tan reducidas que no caben en el cráneo de ningún reptil rastrero.

No enredo a nadie, no engaño a nadie, no necesito mentirle a nadie, si estoy loco, fue mi decisión, hay quienes se hacen los locos por aparentar, yo no necesito fingir mi locura, ella fluye de manera natural, y me queda bien.

Soy hombre y me gustan las chicas, no tengo nada en contra de la gente homosexual, son seres a los que respeto a profundidad, son humanos que se enamoran de otros humanos, así tengan el mismo sexo, más no soy gay, no soy depredador, soy yo quien le gusta a las jóvenes y no al revés, no obligo a nadie a hablarme, o a confiar en mi, es un riesgo que cada quien corre por su fucking cuenta.

No le echo los perros a todas, como suponen, solo a las que valen el riesgo, solo a las interesantes, las otras pueden pasar a la fila de chingonas, que han decidido hablar de mí a mis espaldas y levantarme falsos, así como se levantan la falda, para que se las chinguen todos los demás.

Hay una bola de pendejos envidiosos, cuyo recurso patético es la crítica destructiva que deja al desnudo la más vulgar mediocridad de sus mentes, no pueden ni por un segundo, ser originales en su proceder, hablar o pensar, son el calco de algo más, la copia burda, de una personalidad que no logran sustentar con argumentos.

La filosofía no les es de mucha utilidad, ni el humanismo científico que defienden con el filo de sus lenguas, más que con la astucia de la escasa materia gris que su cerebro sustenta.

Son los buitres a la espera de tu caída, carroñeros de tu vida, esculcadores de traseros, ni se fijan en el mal olor fermentado en sus bocotas y axilas.

Deberían ocuparse de si mismos, estudiar, leer, escribir, hacer algo útil con la inutilidad y ociosidad de sus fucking vidas!

Pero ni modo, ¿que sería de mi vida sin toda esta partida de boludos, haciéndome mala fama en la podredumbre de sus hediondas bocas?

A ellos les debo no caer en la misma mediocridad, el tratar de ser quien soy por encima de los esquemas, las putas reglas, y los paradigmas y dogmas que les fascina profesar.

Yo soy loco, puto, fornicario, endemoniadamente lujurioso, coqueto empedernido, me encanta la belleza femenina, de cualquier edad legalmente permitida, me vale madres lo que piensen de mí, no vivo por ningún puto entrometido, no le debo a nadie, más que a mí mismo, sigo mis reglas, le soy fiel a mi manera de sentir y de pensar, no le pertenezco a nadie, mi amor se lo doy a quien lo merezca, y mi cuerpo igual, no le hago mal a nadie, para que nadie me venga a chingar.

Mas si te metes conmigo, tente bien el trasero, que se te puede andar quemando y llenando de ampollas, y la pomada te puede estar quedando lejos, déjenme en paz, yo no solicito ser amigo de nadie, no lucho por estar en ningún lugar, ni en la vida, ni en el corazón.

El que me quiera, deberá conocerme primero, odiarme después y amarme de nuevo, con todo y defectos, con el excremento que pueda tener, para que me quieren santo e hipócrita, si siendo demonio se aproxima más a la verdad de mi ser, no me ando con idioteces, si quieres las rosas, acepta también las espinas, y si no te sirve, entonces cierra la boca, sacude el polvo de tu trasero, y sigue tu camino, en busca de otro más idiota."









viernes, 18 de abril de 2014

"Sin afán alguno de ofender, solo voy a señalar, a mostrar lo evidente, lo que todos ven, y se pasan por la faja, incluso la propia.

La hipocresía colectiva de la que participamos a diario, en los días que la iglesia santificó, y consagró para enraizar la tradición de un culto que carece de fundamento histórico, otra de sus muchas manipulaciones de la conciencia e ignorancia humana.

Como sea, la gran mayoría de la masa, se arroja a las calles en procesión, con lo mejor de su bisutería y tapicería, pero su fanatismo no les alcanza para abandonar por un solo día sus adicciones personales.

La exhibicionista usa su falda más corta y su escote más pronunciado, ella logra incluso distraer la homosexualidad de cualquier presbítero con la descaradez de sus ropajes, que más que cubrirle la desnudez, lo que hace es que los ojos de los lujuriosos le quiten la poca ropa que la cubre.

El reggaetonero, disimula su escandalosa vida en unos anteojos negros, que le disimulan el estado de narcosis permanente en el que mantiene, la música retumba a altos volúmenes, en sus oídos, mientras sus ojos escanean en la multitud, alguna gata para coleccionar, poco le importa la religión, ni el carnaval de imágenes llevadas al hombro.

La comunicadora del barrio, no deja de murmurar, su curiosidad se deposita ahora en las vidas y aspectos del común, ya no está en su ambiente de barriada, dónde todas las demás vidas importan, menos la suya propia, ella despotrica en críticas de sus semejantes, mientras empata su pecaminoso proceder, con un par de padrenuestros incompletos y unas avemarías a medio terminar.

El ricacho chicanero, con todas sus alajas, sus posesiones publicitarias, su pantalón de moda, sus anteojos de un millón de pesos, su acento extranjerizado por la ridiculez, una sonrisa tan hueca como su ser, una postura santurrona, más cuando se encuentra en la calle con algún pordiosero, le mira con desprecio y le ignora, prefiere entregar un billete arrugado que siga alcahueteando la pedofilia de su credo, que calmar el hambre de algún infortunado mal oliente.

Y ni que decir de los que abiertamente se van a los balnearios a rostizar sus pieles, a exhibir sus carnes, a beber, a fumar, a parrandear y a pecar como siempre, sin el más mínimo pudor o arrepentimiento, tienen un dios todo misericordia, un dios que todo lo perdona, un dios que ya pagó por sus pecados.

Lo que en principio fué una tradición sacra, una cuya solemnidad nada podía sobrepasar, es ahora la pantomima colectiva de quienes se presumen pertenecientes a una iglesia en decadencia, unos golpes de pecho que no alcanzan para redimir las conductas pecaminosas en las que no dejan de caer.

Los mismos que van a misa cada domingo, son los que gritan y golpean a sus esposas en noches de borrachera, los mismos que abusan de su propia sangre, que roban y mienten.

Las amantes se perfuman y se encopetan en las primeras filas de los templos pero dudo que se arrepientan de arruinar los matrimonios.

El drogo, no siente remordimiento por el corazón roto de su progenitora, el ya eligió el mundo sureal de los narcóticos, esos que efímeramente le extravían de la realidad, y que no le da para percibir el amor eterno de su propia madre ni el de nadie.

Es el asunto de este mundo, solo uno se sacrificó por todos, solo uno dió su sangre, solo uno murió por la verdad que defendía, solo uno fué fiel a sus principios, solo uno practicó el amor en todo su real sentido, y por el nadie es capaz de hacer sacrificio alguno, es la decadencia de las creencias, la muerte lenta de la fé, por causa de la moda y los tiempos modernos, es la pérdida de los valores y del respeto, ya no hay asuntos sagrados para nadie, o para muy pocos.

Me asquea parapetarme en una fé que no profeso, aparentar una fe en un Dios en el que no creo o al que no respeto, por ello no voy más a los templos, ni escucho sermones que no tomo como ejemplo, yo busco en mi interior y evalúo mis defectos, yo soy mi propio acusador, mi verdugo, mi abogado defensor, yo mismo me condeno y me absuelvo, yo entendí que no es pecado equivocarse, pecado es vivir equivocadamente, el pecado no es más que una culpa que te endilga la propia conciencia, esa que te dice que hiciste un mal.

Mas las cosas están tan patas arriba, que lo malo ya tiene cara de bueno, y lo bueno apesta, tanto como todo lo malo, pareciera que no hay malos, ni buenos, ni pecadores, ni pecados, todos estamos en lo correcto, o todos estamos equivocados.

Lo único real y cierto, es que compartimos el mismo infierno, con la esperanza inútil de alcanzar un cielo que quizás no existe, que solo inventamos para no perdernos."